Montaña de Pico, la montaña más alta de Portugal, con 2351 metros de altitud
Pico, el único lugar de las Azores donde nieva, con el punto más alto de Portugal, 2351 metros

Geografía

Pico: la segunda mayor isla de las Azores, con 444,9 km2 de área y de forma alargada, gracias a sus 46,2 km de largo y 15,8 km de ancho máximo. Dominada por el volcán de la montaña de Pico en su mitad occidental, la isla está a 6 km de la vecina isla de Faial y tiene 14.850 habitantes (datos de 2008). Es la isla más al sur del grupo central del archipiélago de las Azores y uno de los vértices de las llamadas “islas del triángulo”. El punto más alto de la isla, con 2.350 m de altitud es también el punto más alto de Portugal y se encuentra situado en el Piquinho, en la Montaña, a 38°28’07’’ de latitud norte y 28°23’58’’ de longitud oeste.

Historia

El descubrimiento de la isla por navegadores portugueses se hizo al mismo tiempo que el resto de las islas del grupo central. En un principio conocida como isla de D. Dinis, el nombre actual viene de su montaña. Se piensa que Pico habrá sido la última isla del grupo central en ser poblada, en concreto a partir de la década de 1480.

Los colonos originarios de Portugal continental, tras una escala en Terceira y en Graciosa, escogen Lajes como primer lugar de residencia. Las plantaciones de trigo y de la planta tintorera del pastel, por influencia de la vecina Faial, son las frágiles bases del desarrollo económico durante el primer siglo del poblamiento. En efecto, el clima seco y caliente de algunas zonas de la isla, junto con la riqueza mineral de los suelos de lava, dificulta la agricultura en esta isla, pero permite un creciente éxito en el cultivo de la viña, en el que predomina la casta verdejo. Poco a poco, el vino y aguardiente de Pico se destacan entre la producción vitivinícola azoriana y se empiezan a apreciar dentro y fuera de la isla, permitiendo el desarrollo de la vitivinicultura, particularmente a lo largo del siglo XVIII. Exportado a Europa y América, el verdejo alcanza fama internacional. Llega incluso a estar presente en la mesa de los zares rusos.

La conexión con Faial es fuerte, no sólo en el plano administrativo sino también en el económico. Por un lado, Horta es un puerto de exportación de los productos de Pico, que carece de ensenadas seguras. Por otro, hasta la crisis vinícola del siglo XIX, un alto número de propietarios de tierras de Pico venía de la isla vecina. El primer cuarto del siglo XVIII está marcado por erupciones volcánicas, especie de anuncio del fin del  período dorado del verdejo. A mediados del siglo XIX, el ataque devastador del oídio y de la filoxera extingue la mayor parte de los viñedos. Perdido el cultivo, esfumada la tradición y prestigio, crece la emigración de los habitantes locales a Brasil y a América del Norte. Como alternativa, parte de los que se quedan se vuelven hacia el mar.

Desde el siglo XVIII la isla tiene contacto con la actividad ballenera. Las flotas inglesas y norteamericanas buscan cachalotes alrededor de Pico. Las barcas usan los puertos de la isla para el descanso de la tripulación, abastecimiento, astilleros de reparación y puesto de recluta de nuevos brazos para la dura batalla contra los gigantes del mar. En la segunda mitad del siglo XIX surgen los primeros intentos de comunidad local para abrazar la actividad. La caza al cachalote prospera y se alarga a otras islas del archipiélago. La dinámica se mantiene hasta mediados del siglo XX, momento en el que se da un declive de la actividad. Se pone un punto final en 1986, con la prohibición definitiva de la caza a los cetáceos, tras la firma del Estado portugués de la moratoria de prohibición de la Comisión Ballenera Internacional.

Recuperando las tradiciones seculares y reinventándolas, Pico mantiene hoy en día una conexión estrecha con el cachalote. El contacto con los cetáceos, ahora protegidos, es la piedra angular de la industria turística. Y la vitivinicultura ha vuelto a tener alguna importancia, ayudando a la economía de la isla donde los servicios, la agricultura, la ganadería y la pesca son actividades relevantes. La singularidad de la vitivinicultura de Pico es reconocida internacionalmente, con la clasificación del Paisaje Vitícola  como Patrimonio Mundial de la Humanidad, por la UNESCO, en 2004.

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